Temarios de la Acción Católica General de Madrid
Inicio / Temarios

LA PUERTA DE LA FE - Curso 2012/2013

"Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios"
(Jn 3,3)

MOTIVACIONES

El 11 de octubre de 2012 se cumple el aniversario de dos acontecimientos importantes para la Iglesia que camina en nuestro tiempo: el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y el 20 aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Ambas fechas no están unidas casualmente, sino que revelan la intima conexión del Catecismo con el Concilio. El propio Juan Pablo II lo señala en la Constitución Apostólica “Fidei depositum”: «Este Catecismo contribuirá en gran medida a la obra de renovación de toda la vida eclesial, que quiso y comenzó el concilio Vaticano II». Y Benedicto XVI llama al Catecismo «auténtico fruto del Concilio Vaticano II» (PF 4).

Benedicto XVI, con motivo de estos dos aniversarios ha querido convocar el 11 de octubre, un Año de la fe y, en el mismo mes de octubre de 2012, la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, sobre el tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

Este año, por tanto, ha de ser para la Acción Católica General de Madrid, como para toda la Iglesia «un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe» (PF 4). Por este motivo hemos querido dedicar el temario de este curso 2012-2013 al estudio de la fe y su conexión con los diversos ámbitos de la vida. De este modo la relación con Jesucristo, Señor resucitado, que nos revela al Padre Eterno y nos da su Espíritu Santo, ha de convertirse en la auténtica raíz de la existencia de todos aquellos que trabajen con esta campaña para su formación durante este curso.

Hemos pretendido también que, a través de los diversos temas, volvamos a tomar contacto tanto con los textos del Concilio Vaticano II como con el Catecismo, instrumentos fundamentales para nuestra acción apostólica. También, siguiendo la propuesta de Benedicto XVI en la JMJ Madrid 2011, motivaremos el uso del YOUCAT. Será también importante que, de cara a nuestro compromiso apostólico, tengamos presente la “Nota con indicaciones pastorales para el Año de la fe”, (Congregación para la doctrina de la fe, 6 de enero de 2012), especialmente en su apartado IV, dedicado al «ámbito de las parroquias / comunidades / asociaciones / movimientos».

El Papa nos ha pedido que nos pongamos en camino, que salgamos de nuestras comodidades y caminemos, firmes en la fe, hacia Cristo. El mismo hecho de ponernos en pie y empezar a caminar en una vida nueva es testimonio de que algo ha acontecido en nosotros. «Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, Él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra» (PF 7).

Este año, nuestro obispo, el Sr. Cardenal D. Antonio Mª Rouco Varela, nos ha convocado para una misión diocesana: “Misión Madrid”. Esperamos que este temario reavive en nosotros el don del bautismo (cf. 2Tm 1,6) y nos conduzca a hacer memoria de Jesucristo por cuyo amor somos testigos (cf. 2Tm 2,8).

Descargar la motivación en formato pdf (Descargar)

Ver los Temas:

LA PUERTA DE LA FE

"Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios"
OBJETIVO

Redescubrir el Bautismo como la puerta de la fe que nos posibilita la vida en Cristo.

INTRODUCCIÓN

Si recordamos las visitas que hemos hecho a catedrales y a otras iglesias antiguas, es fácil que nos hayamos fijado en la posición que ocupa la pila bautismal. En contra de lo que estamos acostumbrados a ver en las iglesias modernas, en las que la pila bautismal está situada junto al presbiterio o cerca del altar, durante siglos la pila bautismal se situaba en la entrada o junto a la puerta, e incluso en una capilla aparte o en un edificio independiente llamado baptisterio, simbolizando así que “el santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos” (CEC 1213). Atravesar esa puerta supone emprender un camino, el camino de la fe, que dura toda la vida y comienza con el Bautismo y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna (cf. PF 1).

¿Por qué con el Bautismo comienza una nueva vida que lleva hasta la vida eterna? Porque el Bautismo es la forma en la que los hombres participamos en la muerte y resurrección de Cristo. “Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.” (Rm 6,4). El Bautismo es el comienzo de una comunión permanente con Dios, de una sinergia auténtica entre Dios y nosotros. “Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5,6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12,2; Col 3,9-10; Ef 4,20-29; 2 Co 5,17)” (PF 6).

El mismo Jesucristo, entre todas las cosas que afrontó por causa nuestra, consintió ser bautizado con el bautismo de Juan, antes de empezar su vida pública, para significar y anunciar así que Él iba a sumergirse en la muerte y a emerger de ella a la vida nueva. Además, en su Bautismo prefigura el Bautismo que Él nos traía, para significar que esta es la única puerta al cielo, el único sendero que nos lleva a Él. “El Señor ha sido, pues, bautizado: No quería Él ser purificado, sino purificar las aguas a fin de que, limpias por la carne de Cristo que jamás conoció el pecado, tuviesen el poder de bautizar.” (San Ambrosio, Catequesis bautismal)

La fe infundida lo es, entonces, en la persona de Cristo. No creemos sin más, creemos en Cristo. El bautizado lo es en la fe de la Iglesia, que nos da a luz. “Iluminación” (fotismos) es uno de los nombres que recibe el Bautismo, pues es el sacramento que nos comunica una nueva Luz que debe iluminar todos nuestros caminos; nos comunica el conocimiento personal de Cristo, la “luz del mundo”, y “quienes reciben esta enseñanza (catequética) su espíritu es iluminado…” (S. Justino, Apol. 1, 61). Dios, por medio del Bautismo, nos da la gracia por la que nos hace partícipes de su misma Vida y de su mismo conocimiento. La Iglesia es la primera que cree, la primera que, en todas partes, confiesa al Señor, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe (cf. CEC 168). Paul Claudel, en el relato de su conversión, alaba a la Iglesia como Madre y Maestra: “El gran libro que se me abrió y en que hice mi aprendizaje, fue la Iglesia. ¡Sea eternamente alabada esta Madre grande y majestuosa, en cuyo regazo lo he aprendido todo!".

Según el Ritual del Bautismo, en los ritos iniciales el ministro pregunta a los catecúmenos o a los padres y padrinos, en el caso de bautismo de niños: “¿Qué pedís a la Iglesia de Dios?” Y responden: “¡La fe!” Dejando así claro, que por medio de la Iglesia recibimos la fe, ya que nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. Creer es un acto esencialmente eclesial. El creyente recibe de la Iglesia el contenido de su fe, cuyo símbolo es el credo, y encuentra en la fe católica la comunión con Dios y con los demás miembros de la Iglesia. “La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de la fe es la Iglesia. En la fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el bautismo, signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. «“Creo”, es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir: “creo”, “creemos”» (PF 10).

Ser bautizado no es otra cosa que nacer en Cristo, empezar a ser y subsistir en Él. Para los que vivimos en Cristo, el Bautismo es el inicio de la existencia, nos introduce en la Vida, sacándonos de la corrupción y la muerte, por eso es el primero de los sacramentos de la iniciación cristiana. Por el Bautismo, ya no tenemos vida (bios), sino Vida (zoé).

Por medio de los sacramentos, la fe se manifiesta como un don que informa a la persona entera. Afecta a la existencia entera del cristiano. “Ser bautizado quiere decir que la historia de mi vida personal se sumerge en la corriente del amor de Dios” (YOUCAT 200). Todo en nuestra vida tiene que ser relativo al Señor, estar en relación al Señor. Los sacramentos son “las puertas del cielo” por las que Cristo sale a nuestro encuentro. No sólo suponen la fe, sino que también la fortalecen y la expresan. “Sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos.” (PF 11)

El bautizado es ungido para configurarse con Cristo. Este compromiso implica una continua conversión, puesto que el Bautismo borra el pecado pero no la inclinación al pecado. Este Credo deberá ir cambiando nuestro corazón para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. En palabras de San Agustín: “Que tu Credo sea para ti como un espejo. Mírate en él, para ver, si crees todo lo que dices creer. Y alégrate cada día por tu fe.”

VER. Partiendo de la vida

1. El Bautismo es la puerta que da paso al resto de los sacramentos, lugar de encuentro con Cristo. Puedo recordar aquella ocasión en la que he vivido la celebración de alguno de los sacramentos como vínculo con Cristo y con su Iglesia; o por el contrario, aquella en la que he ido a lo mío, con una actitud egoísta.

2. ¿Vivo como tales las distintas formas de renovación del Bautismo: sacramento de la Penitencia, renovación de las promesas bautismales, profesión del Credo, aspersión, tomar agua bendita de la pila al entrar en la iglesia, la noche de Pascua…? Puedo recordar alguna ocasión en la que lo haya vivido conscientemente.

3. Nos dice el Papa que “el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento”. Puedo compartir algún hecho de vida en el que, tras el estudio de alguna de las verdades de la fe, haya cambiado mi forma de pensar al respecto y haya podido aceptar mejor el misterio de la fe. ¿Me preocupa profundizar en mi fe o pienso que con el bautismo ya está hecho todo?

4. Es posible que, recientemente, en mi ambiente, en mi lugar de estudio, de trabajo, en donde estoy llamado a que mi testimonio de vida sea creíble, me hayan preguntado sobre mi fe. ¿He sabido responder a lo que se me preguntaba? ¿Puedo decir que haya “profesado con los labios la fe que llevo en el corazón”? ¿Cómo me he sentido? ¿He confiado en la gracia que el Bautismo me comunica haciéndome partícipe del conocimiento de Dios? Ilustrar esto con hechos de vida.

JUZGAR. Iluminación desde la fe

A) Sagrada Escritura

• Desde antiguo el Señor, por medio de los profetas, anunciaba el Bautismo (Ez 36,24-28). En la noche de Pascua, la Iglesia hace memoria de los acontecimientos que prefiguran el Bautismo: ya desde el origen del mundo el agua es fuente de vida (Gn 1,2); por medio del arca de Noé unos pocos fueron salvados a través del agua (1P 3,20-22); el paso del mar Rojo anuncia la liberación obrada por el Bautismo (Ex 14,16-28); el paso del Jordán es imagen de vida eterna (Jos 3).

• Jesús anuncia con su bautismo en el Jordán que Él iba a sumergirse en la muerte y emerger de ella a la vida nueva (Mt 3,13-17), para, después de su Resurrección, conferir a los apóstoles la misión de bautizar (Mt 28,19-20; Mc 16,14-18; Hch 2,37-38; Hch 22,16). Por el Bautismo participamos de su muerte y resurrección (Rm 6,1-14).

• El mismo Jesús explica a Nicodemo cuál es la puerta para entrar en el reino de Dios (Jn 3,1-8); la samaritana le pide a Jesús de esa agua viva (Jn 4,5-29); en el Bautismo se abren nuestros ojos, se iluminan al igual que le ocurre al ciego de nacimiento (Jn 9,1-12), se nos comunica una nueva Luz (Jn 8,12), somos iluminados por la luz de Cristo (Ef 5,8-14).

• San Pablo en sus cartas escribe a las diferentes comunidades en qué consiste esa nueva vida en Cristo (Rm 12,2; Col 3,5-11; Ef 4,20-29), y la comunión con Él (Ga 3,27;Ga 5,5-6; 2 Co 5,17).

B) Magisterio

• Benedicto XVI en su carta apostólica Porta Fidei habla de la nueva vida que comienza en el Bautismo y de la comunión con Dios (PF 1; 6; 15) y de cómo debemos hacer crecer y alimentar la fe (PF 7; 10; 11; 12; 13).

• El Catecismo dedica varios números al Bautismo como puerta de la Vida (CEC 1213), iluminación (CEC 1216) y sacramento de la fe (CEC 1226; 1253); las prefiguraciones del Bautismo (CEC 1217-1222) y el Bautismo de Jesús (CEC 1223-1225); la gracia del Bautismo (CEC 1262-1266); la Iglesia como Madre y Maestra (CEC 168-171)

• El Papa en su Encíclica Spe Salvi explica como sólo en relación con el que es la Vida misma estamos en la vida (SpS 27).

• El Bautismo engendra una vida nueva (LG 32; 64; AG 14), une a Cristo (SC 6; LG 7), concede el don de la fe (GE 2), abre las puertas a la vida sacramental (UR 22).

ACTUAR. Compromiso apostólico

Como hemos visto en el tema, el Bautismo es el inicio de una Vida nueva, el inicio de la Vida en Cristo. Los mozárabes no sabían la fecha de su nacimiento, pero sí conocían la fecha de su Bautismo. Un buen compromiso podría consistir en el conocimiento de nuestro propio Bautismo, interesarnos por saber cuándo, dónde y quién nos bautizó, celebrarlo cada año y organizar nuestra pequeña peregrinación de acción de gracias al lugar de nuestro Bautismo.

San Agustín dice: “La fe sólo crece y se fortalece creyendo”. Puesto que liturgia es la celebración comunitaria de la fe, otro compromiso podría ser el vivir la liturgia y los sacramentos más intensamente y con más regularidad, para cuidar, fortalecer y alimentar así nuestra fe: comunión diaria, penitencia frecuente, el rezo de la liturgia de las horas…

La alegría es uno de los frutos del Bautismo. Quien siente la presencia del bien lo ama y se alegra necesariamente. Podríamos pedir la gracia para vivir con alegría algún sufrimiento o dificultad concreta por los que estemos pasando, siguiendo el ejemplo de la vida de tantos santos que conocieron la experiencia de la alegría y el sufrimiento, la soledad, el silencio de Dios…

En este Año de la fe, el Papa nos invita a “redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemáticamente y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica”, por lo que como grupo podríamos plantearnos recuperar, para este curso, el estudio del Catecismo, con la ayuda también de otros instrumentos como el Compendio, las fichas o el YOUCAT.

Descargar el tema en formato pdf (Descargar)